Acerca de la belleza

Angélica Santa Olaya

En un artículo titulado “Nació bailarina”, de Bárbara Jacobs, aparecido en La Jornada del 4 de julio de 2005, la autora hace alusión a la bailarina estadounidense Isadora Duncan, considerada precursora de la danza moderna, a quien la articulista señala como "creadora de una danza propia basada en la armonía y en los valores del arte griego, la naturaleza, el universo y la libertad". La Duncan bailaba descalza, envuelta en una túnica griega transparente y su escenografía eran un par de cortinas azules ya que, consideraba que el ballet y su disciplina eran un “corsé que ceñía hasta la asfixia la belleza”.  De ella, señala Jacobs, se ha dicho que no era bella “pues era de estatura baja y complexión más bien gruesa” y rechaza tal consideración afirmando que “a un bello espíritu corresponde una bella corporeidad”.

 

Tras enumerar algunos de los trágicos acontecimientos de la vida de Duncan, Jacobs cierra su artículo recordando que, tras uno de sus partos, Isadora “cumplía con sus compromisos de trabajo sobre el escenario cuando sintió como brotaba leche de sus senos y empapaba su túnica”.  Jacobs se pregunta “Enfrente, desde abajo, ¿habrán advertido la mancha los espectadores?  ¿Qué habrán exclamado: ¡Qué belleza! o ¡Qué desaliño! ¿Qué fealdad!”

 

He buscado imágenes de la bailarina y encontré un rostro limpio, sin maquillaje, que mira de frente, sin miedo, retando a su observador.  Altas cejas arqueadas, que hablan de seguridad y tenacidad indiscutibles, acompañadas de una sutil sonrisa.  Muchas otras de sus fotografías más conocidas la muestran bailando, más bien volando, los pies desnudos, los músculos marcados por el esfuerzo, los brazos abiertos en plena libertad de movimiento.  Hermosas imágenes en las que lo último que cabría preguntarse es si tiene los ojos verdes, la nariz respingada o si es talla 30 o 36.  

 

¿De qué se trata la belleza? Sobre todo en la actualidad en la que los parámetros de la belleza en el mundo se miden en centímetros de busto, cintura y caderas y el color más extraño de lentes de contacto o lápiz labial.  Hoy, una mujer bella -dicen los medios de comunicación- es aquella que puede utilizar la ropa de su hija, anoréxica, de 10 años.  Algunas luchamos por disminuir una o dos tallas y otras por usar el vestido de la catrina de Posadas. En mi caso la cuestión del peso ha sido siempre una preocupación, aunque con el paso del tiempo, ha perdido importancia ante el establecimiento de prioridades.  

 

¿No han notado que hay una tendencia en el mercado de ropa femenina a disminuir el tamaño de las tallas y a hacer de las cirugías plásticas la panacea de la belleza?  Hace algún tiempo leí acerca del caso de una Miss Nomeacuerdoquién, cuyo cirujano plástico declaró a la prensa estar orgulloso de su obra cuando se enteró de que la chica en cuestión había ganado el certamen, ya que aseguraba, la había "hecho completita".  

 

¡Qué difícil apelar a la atención de la belleza espiritual de la que nos hablaba el filósofo musulmán Al-Farabi en medio de un mar de estereotipos!  El filósofo refiere una belleza derivada de un actuar y discernir de una manera voluntaria basada en la libre elección; que no en el azar ni en la inconsciencia, eligiendo mayormente acciones “bellas”; entiéndase: congruentes.  Tal como lo hizo Duncan siendo fiel a su intención de revolucionar la danza y expresar su propio lenguaje sobreponiéndose a las múltiples tragedias que le acontecieron.   A saber, la muerte de sus dos pequeños hijos ahogados en el río Sena, el suicidio de su esposo y más tarde su propia muerte como consecuencia de una casualidad absurda como suelen suceder las muertes de algunos grandes: su bufanda se enredó en el volante mientras conducía estrangulándola.


 

Luis Rius, poeta y ensayista español, afirmaba que “no se puede vivir como si la belleza no existiera” y estoy de acuerdo con él. Aunque, a últimas fechas, la belleza como la justicia, sean considerados y valorados más como herramientas de superfluos intereses que como valores intrínsecos del espíritu humano.