Amitla y sus objetos

Monica Sánchez Escuer

Amitla Cuacuas Marcué es una artista sorprendente y única como su nombre. Generosa, apasionada y reflexiva, lleva a la pintura su mirada cándida y profunda en tonos vivos, puros, con pinceladas sólidas y enérgicas que dan movimiento y luz a complejas narrativas simbólicas. La conocí en un encuentro de jóvenes creadores hace ya más de veinte años y, desde entonces, ella y su obra no han dejado de asombrarme.   

 

Protectores, su más reciente producción artística, nace de esa humana necesidad de resguardo y seguridad que en tiempos de pandemia se vuelve tan urgente. Nunca la humanidad entera se había sentido tan expuesta, tan vulnerable. Se acentúan los mecanismos de defensa, las creencias religiosas, los asideros sobrenaturales que Amitla amplifica, aísla y cuestiona desde su inconfundible trazo.  En esta serie están presentes las tres obsesiones que han marcado su trabajo: los objetos cotidianos; el agua como elemento, fuerza, vehículo; y los conectores: cuerdas, cintas, cordones.

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En la tranquilidad del azul profundo 
Técnica: Acrílico / tela
 

Amitla hace visibles los objetos que usamos todos los días. Su modesta utilidad y presencia en la vida doméstica contrasta con el papel que cada uno juega en los cuadros: al despojarlos de su carácter utilitario y colocarlos en un ambiente exterior, distinto al habitual, la pintora crea nuevas connotaciones y los objetos adquieren una dimensión significativa dentro de su discurso plástico: los transforma en personajes y símbolos de la vulnerabilidad, la protección, el miedo, el aislamiento, la esperanza. Amitla construye las metáforas no mediante la intervención directa, como en el arte objetual, sino a través del desplazamiento de la función del objeto, de la espacialidad donde lo coloca y de la interacción con otros elementos que alteran su significado originario. En tonos vivos, composiciones minimalistas, el objeto se presenta desnudo en un medio natural como la playa, el océano o sobre un fondo abstracto. Los cordones, cables o listones frecuentemente parecen enlazar dos realidades: un seguro enterrado en la arena es una especie de ancla que a través de una cuerda conecta a un navío o un faro en medio del mar con la tierra. Un par de candados unidos por un cable aseguran una gran ola como si fueran capaces de retenerla, de protegernos de ella inmovilizándola; en un díptico un mosquetón de dos ganchos mantiene unidas la superficie con la profundidad del mar; un colibrí, mensajero de buenos augurios, vuela sobre veladoras encendidas y en su vuelo o va tejiendo un cordón con cuentas como amuletos.
 

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Luces. 2019
Técnica: Acrílico / tela
 

Lo que dice la obra lo dice de muchas maneras y puede llevar a interpretaciones inimaginables, sin embargo, aquello que impacta en una obra germina de un solo sentido:  Ahí donde convergen emoción, idea y estética. La iconicidad, es decir, la relación de cercanía entre el objeto representado con la realidad que representa, no es un parámetro literal en el proceso de interpretación, especialmente si se trata de una metáfora plástica como las que construye Amitla, donde el objeto identificable, al no tener relación aparente con el medio o situación en el que la pintora lo coloca, se transforma y transfigura. La metáfora se construye no mediante la intervención directa, como en el arte objetual, sino a través del desplazamiento del espacio, el desvío de su función y la interacción de objeto con otros elementos que alteran su significado originario.  A la metáfora se suma otra figura retórica: la paradoja. 

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Saturación de refuerzos. 2022
Técnica: Acrílico / tela
 

En su serie Protectores, Amitla juega con el sentido utilitario y simbólico de los objetos y expone con ellos dos ideas o sentidos opuestos en la misma composición. La protección como refugio y encierro, sostén y límite. Aquello que protege, inmoviliza o aísla. Cintas, cuerdas, collares, cordones enlazan pensamientos, recuerdos, reliquias que salvan y a su vez nos mantienen atados a nuestras creencias, nuestros miedos. Tal como las fortalezas de los castillos medievales, salvaguardan a la vez que recluyen. Amitla nos recuerda que hay lazos que liberan y vínculos que encadenan.  “En la tranquilidad del azul profundo” un corazón flota libremente sobre el mar, puede ir y venir sin temor a ser atacado, devorado por un pez o degradado por la sal porque lo protege el vidrio de la botella que lo envuelve y paradójicamente lo mantiene cautivo. En “Protectores”, obra creada en 2020 que da nombre a la colección, dos aves llevan partículas del virus a una red, las aíslan y a su vez el trazo de sus vuelos son dos cuerdas que, por un lado, dan la sensación de contener mejor al agente infeccioso, pero, al mismo tiempo, parecen limitar el desplazamiento de las aves. 

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Protectores. 2022
Técnica: Acrílico / tela
 

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Mi paisaje resguardado. 2022
Técnica: Acrílico / tela
 

Los cuatro elementos son escenario, fuerza o impulso. El aire en los colibrís y su vuelo de sogas, el fuego en las veladoras que suplican, la tierra en la arena de la orilla, pero es el agua el elemento constante en la obra de Amitla y es el medio idóneo a través del cual expresa metáforas y paradojas visuales en estos tiempos de higiene obsesiva. El agua como abrazo, como reflejo, como lente, como flujo circular donde todo se renueva. En esta serie se evidencia el contrapeso de sus cualidades: limpia y oxida, amplifica y deforma, aísla y expande. Las grandes gotas de “Amplificación de recuerdos” y “Ganesha y sus colibrís” muestran y cubren: actúan como lupas que agrandan y quiebran las líneas y contornos de las cintas y figuras formando patrones de colores como pequeños sarapes que ocultan lo que está debajo.  El océano es el espacio natural donde frecuentemente la pintora coloca sus personajes-objeto. En su inmensidad, el mar contiene y fluye, purifica y corroe, envuelve y conecta. En el fondo, nada se escucha, ahí se está a salvo de los ruidos y las voces de la superficie; pero también el agua salada deshidrata y ahoga. Las medusas, protagonistas de uno de sus cuadros, no están exentas de esta doble cualidad: su bella transparencia es engañosa, en el veneno de sus delgados tentáculos permanece latente la amenaza. En griego, medusa significa literalmente “que protege”, y sí, cuida el equilibrio marino matando especies plaga.  

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Amplificación de recuerdos. 2022
Técnica: Acrílico / tela
 

Muchos de los bastidores son redondos, una referencia al tiempo circular, al reloj y el eterno girar de sus manecillas, a todo aquello que no tiene principio ni fin. Las pinturas de Amitla son en sí mismas grandes talismanes: como medallones o reliquias de la buena fortuna, metáforas de la obsesión del hombre por la certeza y el amparo. Amuletos, estrellas, ojos turcos, elefantes que aluden a Ganesha, el dios hindú que remueve todos los obstáculos; medusas cuidadoras del equilibrio marino; colibrís en vuelo o en mantas que cubren y calientan, pájaros mensajeros de buenos augurios y guardianes del tiempo capaces de dibujar el infinito en el movimiento de sus alas. 

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Cuando las lámparas del mar se encienden. 2022
Técnica: Acrílico / tela

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Ancestrales. 2022
Técnica: Acrílico / tela
 

Recientemente ha incorporado las manos como figura central en sus obras, manos que emergen del agua, que todo lo palpan, que crean esos universos donde conviven la esperanza y la imposibilidad. Hay fuerzas inefables, parece decirnos Amitla en esta serie, ¿cómo detener la inmensidad de una ola?, ¿cómo resguardar un corazón sin aislarlo? El poder de los objetos, de nosotros mismos -parece advertirnos en cada una de sus obras- está en el único lugar posible: la imaginación.