Así sea tarde

Andalucía D.

Toda mi vida había sido presa de una soledad inmensurable, de esa soledad que se presenta cuando sientes que tus palabras o sentimientos no tienen valor, hasta restarle importancia a la existencia propia, hasta desear desaparecer.

 

Luego, en el mismo infierno, donde se dibuja la línea entre lo que está bien y que ya no te importe nada, donde no hay moral ni prejuicio propio y alcanzar a tocar la crueldad humana significa empuñarla con tus propias manos, te conocí a ti. 

 

Tan perdido y carente de propósito como yo, cegado por tus pecados, por tus mentiras y los miedos que no le contabas a nadie, el miedo profundo a recordar. 

 

Con distinta historia, muy distinta, pero con el corazón igual de atormentado, encajamos juntos. 

 

Lo has sido todo para mí, un amigo, un escape, un hermano e inclusive, un enemigo. Hemos sentido de todo el uno por el otro, conectados por el destino.

 

Aun ahora que nos separan kilómetros estamos en sintonía, han pasado meses, pero sé que si levanto el teléfono será como si estuviéramos en la misma habitación compartiendo una cerveza, un porro o una buena cena, riéndonos, haciéndonos saber mutuamente que en ese momento nada puede dañarnos ni siquiera los fantasmas del pasado.

 

Nuestros fantasmas son terribles y los alimentamos día tras día tratando de ignorar su existencia, hasta que se vuelven monstruos con caras y voces que nos devoran la mente de poco a poco. Pero cuando me hablaste de ellos yo me llevé el miedo, te consolé, me reí y te dije: “Yo lo he hecho peor, he sido más mierda y más oscura que tú”, tú hiciste lo mismo por mí y ahí, rodeada de tus demonios y tú de los míos, encontramos paz. 

 

Claro que me duele la pérdida de Chikistrikis, ¿cómo no llenarme de ira? Era una gatita dulce, minúscula, no podía hacerle daño a nadie, aunque lo intentara y aun así, gente sin razón fue y te la quitó para siempre de tu lado. 

 

No entiendo tu dolor, lo siento sangrando dentro de mí, tu soledad en estos momentos me consume y transforma, quemaría todo por poder estar ahorita a tu lado, para despedirla juntos, para decirte y repetirte mil veces que no fue tu culpa, que el mundo es una mierda y ya está, para salvarte de la oscuridad que se está cerniendo ahora en tu corazón.

 

Tal vez yo te enseñe a amar a los animales, pero aprendiste muy bien, esa bondad de tu corazón tan grande, inconmensurable, el mundo te debe tanto, ojalá yo pudiera dártelo.

 

Siento que te fallé, que te dejé con tanta responsabilidad, con tantas cosas, que me quedé corta, que tú, en su momento, me salvaste mejor a mí y yo no puedo salvarte, por más que quisiera. Pero no puedo absorber tu soledad, matar a tus demonios. No me queda más que levantar el teléfono, escucharte, tratar de mantenerme fuerte para ser tu apoyo.

 

Sólo puedo dedicarte un escrito, siempre te ha gustado leerme y esperar que al menos, así, no te sientas solo.