Astigmatías

Claridad

Julieta Arévalo

El invierno comienza a disiparse. Las ganas de sumergirse en las capas de las cobijas se van transformando en deseos de sacar los pies y de ponerse una falda.

Las calles se miran con una luz distinta, todo es más transparente, el polvo que las cubría se pierde en el viento de febrero, en los autos, en las banquetas, en los árboles. En bicicleta las imágenes aparecen momentáneamente, quedan estáticas y luego se pierden, mientras que caminando logran acompañarte un momento. Ahora que camino sin lentes, voy practicando mi calistenia de ojos: cerca, lejos, visión periférica, hacia arriba, hacia abajo, 1, 2, 3, parpadeo, girar los ojos como la de El exorcista, contemplar cuanto detalle aparezca. Y es que “viéndolo bien”, los ojos tienen una relación directa con las emociones.

 

Tengo unas hojas para leer las letras, como cuando era niña sólo que ahora sí sé para qué sirve hacer eso. Tapo el ojo fuerte, leo las letras chiquitas sin saber qué dicen, volteo la hoja de cabeza y hago lo mismo. Pongo la hoja en mi nariz, las letras se miran borrosas, intento delinearlas y detallarlas, alejo la hoja y descubro el ojo fuerte para mirar con los dos. Entonces lo de alrededor se vuelve nítido. Lo traslado a las personas, han tomado otro color, advierto lo que son, cómo son, lo que no quería ver o intentaba tapar. La nitidez está en la hoja, en las palmas de las manos, en las nubes, en los edificios viejos, en las plantas, en las hormigas, pero también en quiénes somos.

 

Dicen que antes de cumplir años viene un cambio. A mí me pasó días después. Cuando vi el correo y de quién venía, supe lo que me iban a decir: lo que estaba pidiendo desde hace tiempo. Mis ojos habían padecido mi incomodidad. Desde la pandemia y desde que trabajo en casa su vista había mermado. Estaban agotados, cansados de ver lo que no les gustaba. Los jefes me hicieron el favor y decidieron por mí, lo cual agradezco. Mis amigos se alegraron, uno incluso me dijo que debíamos brindar. Quedarme sin trabajo me dio claridad, creo que hasta el rostro me cambió.  El cielo se despejó. Dejó de ser gris. Vino la nitidez.