Editorial

Deletérea pasa de agendas, calendas y asuntos del momento, pero no esta vez. Mal estaría nuestra idea editorial si, solapados en ella, calláramos ante la tragedia que están viviendo las mujeres en México. No se trata de una, la que nos ha escandalizado por las circunstancias generales y la fabulación montada en torno a la tragedia; se trata de las halladas en su búsqueda, de las halladas antes, de las que no han sido halladas y de las que mañana podría desaparecer y atenerse a una realidad intolerable. Deletérea no toma partido ni asume posturas de abajofirmantes, pero nos sumamos al horror de la mucha gente de bien que exige a la sociedad, a las autoridades –de un partido u otro, de la federación o este o aquel estado, de un sexenio u otro, de una camarilla u otra, de mayor o menor rango–, a las familias que inculcan los valores, a la conciencia de cada cual, a los responsables de la cultura que van desde los padres de familia y los profesores hasta los más notables intelectuales, un cambio urgente e imperativo que, más que reducir la violencia contra las mujeres en el mundo y especialmente en México, desaparezca toda inequidad de género y nos lleve ahora mismo a un mundo donde ser mujer no sea una condena a muerte violenta. Deletérea no se adiciona a ningún movimiento, pero esta vez exclamamos con grave dolor, ya hartos y desgarrados, horrorizados hasta donde lo tolera el espíritu humano, ¡NI UNA MENOS!

 

Sea distinto, porque en parte lo es: los años recientes nos han llevado a lo imposible: normalizar la muerte. Vemos pasar lutos y duelos, cadáveres ocultos o convertidos en ceniza y estadísticas. De vez en cuando es en casa donde toca llorar y, a veces, son muertes de esas que nunca se asumen, que nos acompañan como las vísceras. En enero fue el turno del maestro Gerardo de la Torre, ese controvertido comunista amante de los deportes y la contracultura, creador incansable de la generación llamada de La Onda por la emérita Margo Glantz. Con una valentía inusual, la también escritora Yolanda de la Torre, su hija, nos obsequia un viaje íntimo por los aledaños del hombre y la relación que los unió. No hay palabras para agradecer a Yolanda que sea Deletérea quien tiene el privilegio de compartir tan íntimo viaje dantesco con nuestros lectores.

 

En la línea misma de la muerte, aunque esta vez la narrativa, un tanto lúdica y bastante tragicómica, como conviene a la mejor farsa literaria, de Aurora Mondragón, tenemos un cuento de excelente factura, inconfundiblemente chilango, casi como canción de Chava Flores desde la mejor práctica de la narrativa.

 

En esa otra línea de lo que no solemos hacer está publicar cosas ya publicadas, salvo en excepciones como la de una selección de excelentes poemas de América Femat Viveros tomados del nuevo libro de esta auténtica conocedora del arte que practica.

 

Por su parte, el maestro José María Álvarez nos ofrece, en su columna Música en Do Mayor un estudio tan documentado como escéptico sobre tres sinfonías que pudieron ser, alguna que es y ninguna que lo sea del todo. Quizá debemos referirnos a este estudio como una trama de invenciones sinfónicas deseables, existentes, no o no del todo

 

Como en cada número, nos engalana el amigo y notable maestro deletéreo Mauricio Montiel Figueiras, esta vez con algo luminoso: Cuatro poemas salingerianos inéditos, escritos por un poeta que siempre incursiona en nuevos territorios desde una profunda responsabilidad  estética.

 

Finalmente, el escritor y cineasta Patricio Solis estrena nuestra sección de cine, Kinografías con esta primera entrega dedicada al FICUNAM 2022, cosa que ya era necesaria: el festival y hablar de él.

 

Pase usted, mutilado y agónico lector, a recuperar la vida con la literatura, aunque sea ponzoñosa.