Editorial

Dar explicaciones sobre la demora es tan inmaduro e inútil como prometer cuándo y cómo vendrá el número 11. Pero como el director de Deletérea le tiene apego a la inmadurez y la inutilidad, diremos que hubo muchos problemas y nos proponemos salir bimestralmente a lo más dilatado, siempre si Dios y el poderoso caballero don Dinero lo permiten.

 

Sobre el presente número hay poco que decir ya que brilla con luz propia: Guillermo Fadanelli, Mónica Sánchez Escuer, Mauricio Montiel Figueiras y muchos autores de primera línea que el lector podrá disfrutar si tiene tiempo y ganas. Por nuestra parte destacamos el “fichaje” del maestro politólogo Héctor Atarrabia que nos enseña cómo se puede hacer buena literatura sin grilla aunque ésta sea la que ocupa buena parte de nuestro (su) tiempo. Mujeres, siempre mujeres, con los diamantes extraños: Ana María de la Calleja, con el estilo impertinente y divertido de todo su trabajo, toma una carta existente de Jack The Ripper y, mediante la fusión preexistente con Madame Red (pregunten a sus hijos o amigos), logra un cuento tendiente a la perfección aliñada por la brevedad. Así, no envidiamos nada a Netflix con su intrigante interés por difundir la vida y obra de Jeffrey Dahmer. Por su parte, la siempre luminosa Yolanda de la Torre dejó tirado un breve poema, un pareado, en las arenas movedizas de Facebook, donde lo encontramos y, llenos de asombro por la forma, el contenido y la sólida poética de esos dos versos, le pedimos publicarlo aquí.
 

Así, sin más por el momento, como dicen los escarabajos peloteros cuando se acaba la mierda, damos paso a nuestro décimo número que, dicho fue, “no estaba muerto, andaba tomando caña”.