Expiaciones

Ensayo autobiográfico inédito

Consuelo Sáenz

La historia de mi nombre

 

¿Qué son los milagros?  ¿Acaso un puente de manifestación implícito en la fe? ¿Una nueva oportunidad concedida por gracia divina o buena suerte? El misterio a toda explicación científica o lógica.  Milagros, es el nombre de una mujer; al igual que Remedios, Socorro, Amparo, Consuelo, Piedad, Paz, Esperanza, Auxiliadora, Caridad o Alegría. Parecen otorgados a mujeres que pueden, tocadas por un halo divino, conseguir la transición entre la desazón al sosiego, entre desgracia a bendición, entre tristeza a gozo. Cada nombre desentraña un don precedido por lo que algunos llaman destino. Pues bien, el mío fue elegido por causas precisas y una serie de hechos desafortunados. 

 

Al nacer, mi madre decidió nombrarme Consuelo, como la madre de mi padre, quien, a su vez, nombró a una de sus hijas igual.  Eso me convierte en Consuelo Tercero. 

 

Mis padres que, después de tener cinco hijos varones, anhelantes porque llegara la niña, continuaron procreando. Cuando, por fin, nace mi hermana mayor, Sylvia, se le diagnostica con retraso mental. Mi madre, entre el desencanto y la resignación se embaraza tres veces más. Da a luz al último de los varones y cierra con dos hembras. Fui la octava de nueve hermanos: seis varones y tres mujeres.  Fui el Consuelo de mis padres y la segura candidata a hacerse cargo de la hermana discapacitada, me confesaría mi madre poco tiempo antes de morir, razón por la que me nombró en el testamento como la beneficiaría del 50% de la herencia.  

 

Mi nombre significa alivio, aliento, gozo y tranquilidad. Es de origen latino.  Se dice que su onomástico es el 4 u 8 de septiembre, pero yo creo que no figura en el calendario. El nombre me corresponde por razones familiares y emocionales. 

 

Desde niña me desagradó: aseñorado, anticuado y aburrido. Recuerdo que cuando los maestros nos hacían presentarnos ante el grupo, siempre deseé secretamente que en el salón otra niña se llamara como yo, pero sólo ocurrió una vez, y esa Consuelo pues no era así como la niña más aplicada o linda de la clase. Más bien era rara, lánguida, de cabellos lacios y castaños que recogía en una coleta bajo la nuca. Sus hombros caídos como los de las focas. Pensaba que para llamarse Consuelo se tenía que tener vocación de mártir. Llegué a cambiármelo por el de Lorena, ese sí me gustaba, así se llamaba mi prima. Ella siempre fue el ícono de todo lo que a mí me gustaba, éramos inseparables, hasta que nos dejamos de ver a los 17 años por un embarazo inesperado. 

 

Al transcurrir de los años ha despertado en mí el interés por la apropiación de su significado. Me gusta su inicial “C”, me gusta que termine en “O” y no en “A” como la mayoría de los nombres femeninos. María del Consuelo podría ser una Advocación Mariana. Consuelo abunda en las oraciones, en la Biblia, en las Sagradas Escrituras. Todos lo han clamado o llegarán a hacerlo. Disertar entre los conceptos “Mal de muchos, consuelo de tontos” o “peor es nada” convierte el sustantivo en predicado. Curioso cómo el consuelo llega después de una desgracia o situación adversa, nunca antes. ¿Qué hacemos con ese consuelo después de recibirlo? ¿Cómo nos alentará a seguir adelante? Llamarse Consuelo y apropiarse de su significado puede representar una responsabilidad o un aliciente.  

 

Consuelos en la historia: Consuelo Vanderbilt, quien fuera la Duquesa de Marlborough. Consuelo Suncín-Sandoval, la musa que inspiró una de las obras maestras de la literatura universal, El Principito. Consuelo Velázquez y su célebre canción Bésame mucho, la más traducida y cantada en la historia musical. Consuelo Guerrero de Luna, actriz del Cine de Oro Mexicano y alguna que otra comediante preferible dejar en el olvido. En los motores de búsqueda aparecen dos: una sicaria y la otra aristócrata.  Personajes inmortalizados: Consuelo Sánchez y Consuelo Llorente.