Pancho Villa: Ni ángel ni bestia

Arturo Martínez Murga

El hombre no es ángel ni bestia, 

y lo malo es que cuando quiere ser ángel, 

se convierte en bestia.

Pascal

 

El pasado 23 de junio se cumplió una fecha conocida por muchos zacatecanos: el 108 aniversario de la Toma de Zacatecas, acontecimiento por demás significativo en la historia de la Revolución Mexicana, y que sirve como tema para la memoria y la conversación de estudiosos, investigadores y público en general.

 

El franco debate siempre conduce a una figura:  la del general, guerrillero, bandido y soldado Doroteo Arango, mejor conocido como Pancho Villa. Inevitablemente se discute la calidad moral del ilustre revolucionario duranguense, sobre si es un “héroe o asesino”, y los participantes se acusan mutuamente de ser fanáticos apologistas o moralistas empedernidos.

 

La psicología clínica puede aportar un acercamiento más objetivo y humano al personaje. Según datos proporcionados por estudiosos de su vida, tenemos que fue un hombre de aproximadamente 1.75 cm de estatura, de 85-90 kg de peso, bien desarrollado, complexión fuerte, que vestía sin lujo; fue el primero de cinco hermanos, hijo de una madre al parecer enfermiza y un padre que los abandonó o murió joven, cuando Villa tendría siete u ocho años.

 

Su primer trabajo fue cortar leña y con su primer sueldo se compró un burro llamado el Canelo; abstemio, a los 12 años era ya un consumado ladrón de gallinas, vivió 16 años al margen de la ley; su primera pareja se llamó María Encarnación Gómez; desde muy joven se le atribuyen ya varias muertes…

 

A pesar de estos datos, se desconocen en gran medida las bases de su personalidad, los cuales son una incógnita. La información sobre su infancia es muy poca, no muy confiable y contradictoria. Las versiones sobre los diversos aspectos de su vida son numerosas. Mientras cronistas e historiadores dicen una cosa, otros, las intentan desmentir, por lo que la verdad es difícil de dilucidar.

 

Desde siempre, los personajes históricos, en especial aquellos considerados “ilustres”, son objeto de una especie de escrutinio moral, donde no se perdonan los errores, considerados como debilidades o fallas. Sin embargo, en los últimos 15 años, se ha podido observar un mayor encarnizamiento, que no es necesariamente producto de un estudio más profundo, sino de un gusto muy difundido por encontrar fallas, criticar errores y encontrar culpables.

 

Por ello, el presente estudio se enfoca en observar al ser humano, sin prejuicios, generalizaciones o críticas simples, sino como si se hiciera una aproximación psicológica desde un consultorio psicológico humanista.

 

¿Dónde podemos buscar los elementos necesarios para conocer a Pancho Villa? En sus principales biógrafos, secretarios particulares, sus esposas, la inteligencia militar norteamericana, sus enemigos, sus Dorados. El material es mucho y difícil de seleccionar, pues el criterio es muy relativo.

 

La desventaja para un clínico es tener que ir más allá del bien o del mal, no evaluar si fue un santo o demonio, sino aquello que le distinguía según los resultados de su personalidad.

 

En este sentido, nos encontramos con un hombre que parecía tener una energía inagotable, que entra a la Revolución al mando de 24 hombres y llega a Zacatecas con más de 20,000, a la Ciudad de México con más de 50,000 y termina en la Convención de Aguascalientes al mando de más de 70,000.

 

Un hombre que cabalgó más de 68,000 km, con una obsesión por equipar a sus hombres con lo mejor que se tenía en la época en cuanto uniformes y armas, que redujo la mortandad de su ejército en 45% con el mejor hospital revolucionario de su tiempo. Formó el ejército revolucionario más poderoso de la historia de Latinoamérica. Fue un gran conocedor de hombres y un “psicólogo por naturaleza”, como dijo tiempo después de su muerte uno de sus Dorados, convertido en escritor.

 

Belisario Domínguez expresó en palabras lo que Francisco Villa llevó a los hechos.

 

Podemos encontrar contradicciones en Pancho Villa, aunque a veces llama la atención que estas son más en relación con sus observadores que con él mismo. Sí, algunas veces fumó o bebió. Esto genera una reacción en críticos y admiradores: los primeros lo usan para juzgar, los segundos no lo aceptan, como si esa breve confirmación cambiara al personaje. Fumar o beber algunas veces no va en detrimento de la calidad moral de una persona.

 

Llegó a sentir culpa por fusilar a algunos hombres a los que consideró valientes o inocentes; también perdonó a quien lo desobedecía (en muy contadas ocasiones, pero ocurrió) e incluso a quien lo llegó a encarar, a pesar de haber condenado a muerte a muchos que hicieron lo mismo. De igual forma, perdonó borracheras de algunos de sus hombres cuando existía una amistad estrecha.

 

Pudo ser anticlerical, mas no necesariamente antirreligioso, encomendándose a la Virgen del Carmen cuando la situación así lo ameritaba, como cuando rezó con los brazos extendidos, pidiendo la victoria en la Batalla de Zacatecas.

 

Los rasgos de rencor o resentimiento se matizan con el respeto que llegó a mostrar por algunos de sus rivales más encarnizados, dejando pasar al general Francisco Murguía cerca de Canutillo, a pesar de estar en ese momento en ventaja, y calificándolo como “un hombre de la Revolución” cuando supo de su muerte. 

 

Su secretario personal, Pérez Rul, nos da una breve recomendación con respecto a aspectos de su carácter que consideraba importantes de conocer: no contradecirlo abiertamente; no dar opiniones no solicitadas, y cuidar los gestos. Estos rasgos tendríamos que juntarlos en un todo, incluyendo uno que algunos consideraban su peor defecto: ser sensible a las adulaciones.

 

La inteligencia norteamericana aportó también algunos elementos útiles para su comprensión, sin dejar de lado sus posibles sesgos: lo consideraba un hombre cuya cólera se apoderaba de él y que no sentía culpa por tener varias mujeres. Es necesario considerar que, en los tiempos en que trabajó legalmente, fue contratado por extranjeros para cuidar sus intereses, para lo cual se necesitaba una persona confiable y que se hiciera respetar.

 

Una perspectiva cronológica 

 

Pancho Villa inició su vida como malhechor; fue dado de alta en las filas de Ignacio Parra, el bandolero de Canatlán, según algunas versiones, por salvar la honra de su hermana; sin embargo, según la leyenda negra, mató al novio de su hermana. Es casi imposible poder discernir cuál es la verdad entre las distintas versiones. El hecho es que durante 17 años burló a la autoridad en varias ocasiones, generando algunas muertes en el camino, ya sea por defenderse o por algún robo de más o menos consideración.

 

En esta primera etapa, existen datos sobre detenciones en San Juan del Río, Canatlán y Durango. Incluyendo numerosos escapes, y el asesinato de un carcelero. En algunas de estas aventuras se narran sucesos en los cuales se enfrentaba en inferioridad numérica a sus perseguidores, en las que a veces resultaba herido algunas veces, pero salía vencedor en todas, lo que puede observarse no solo en su etapa de bandolero, sino en su etapa militar y en la de guerrillero. El valor es un rasgo innegable de su personalidad.

 

Contrariamente a lo anterior, podemos dudar de su faceta vengativa, pues esta no parece haber sido un rasgo fijo. A lo largo de su vida, el perdón fue una característica más o menos constante, además de no haber tomado ventaja cuando pudo hacerlo con quienes en algún momento fueron enemigos personales o de la causa revolucionaria. Por ejemplo, cuando en la primera etapa de su vida militar, pudo haberse vengado de Eleuterio Soto, pero lo entregó a Francisco I. Madero, o cuando dejó de perseguir a Máximo Castillo para escoltar a su esposa que recorría un tramo peligroso del desierto, o las múltiples veces que perdonó prisioneros; la posibilidad de vengarse del general Murguía cuando estuvo en desventaja cerca de Canutillo, o cuando su esposa Juana Torres le llamó bandido.

 

Considerado por algunos como un Robin Hood mexicano, mientras, por otra parte,  sus detractores lo niegan, realizó actos que bien podrían acreditarse a un bandido célebre que roba a los ricos para dar a los pobres, como en las Haciendas del Carmen, San Lorenzo, Las Ánimas, El Saucito, entre otras.

 

Un rasgo interesante en la personalidad de Pancho Villa es que Friedrich Katz —para muchos su principal biógrafo—, entre otros escritores, consideran que el poder no lo cambió: su personalidad fue en esencia siempre la misma. Para afirmar esto se basan en que jamás tuvo cuentas en el extranjero: así como llegaba dinero a sus manos, lo gastaba en equipo para sus hombres; la apropiación de haciendas entre sus hombres fue más la excepción que la regla, además de que, cuando fue gobernador, las cárceles estuvieron menos llenas, no hubo ejecuciones masivas y hubo menos bandoleros que en tiempos de Porfirio Díaz.
 

Su época más oscura

 

De su secretario, José María Jaurrieta, podemos obtener algunos datos de lo que llamaríamos su periodo más oscuro. Fue un hombre previsor, pues guardó gigantescos arsenales por si un día la suerte le era adversa. Un traidor delató la ubicación de uno de los más grandes, en Chavarría, lo cual le causó una profunda pena.

 

No obstante, no sería completo un análisis de su personalidad sin tomar en cuenta los abusos imperdonables e injustificables que cometió en Namiquipa, Camargo y San Pedro de la Cueva, donde hubo masacres de personas rendidas o inocentes. O los veinte guías sentenciados a muerte camino al Bosque de Chapultepec, donde secuestraría a Venustiano Carranza. Todos los guías eran pobladores pacíficos que tuvieron la mala suerte de ser reclutados por Villa para guiar su pequeña fuerza de ese momento por caminos desconocidos para ellos. Ninguno sobrevivió.

 

El rencor y el resentimiento, traducidos en venganza, son rasgos importantes en esta etapa, donde extermina poco a poco a la familia del general carrancista, otrora villista, Maclovio Herrera, además de la Brigada Juárez, aquella que estuvo a su mando durante la Toma de Zacatecas, entre otras importantes batallas.

 

Sin dejar pasar estos hechos, Jaurrieta menciona otros no menos reveladores, como cuando asumió los gastos hospitalarios de sus enemigos, adelantando hasta tres meses de atención médica, o cuando cubrió los sueldos atrasados de maestros de Parral, también adelantándoles tres meses.

 

Ante la psiquiatría

 

El doctor Eugenio Toussaint Aragón realizó un estudio hace algunas décadas sobre la personalidad de Villa, tomando en cuenta algunos elementos importantes, como el haber llorado ante la empatía de Madero, haber sentido vergüenza y arrepentimiento ante la breve sublevación contra Madero en su primera etapa revolucionaria, la derrota en Agua Prieta y la masacre de San Pedro de la Cueva.

 

Consideró que era un hombre con megalomanía asociado a un complejo de inferioridad, pues gustaba de presumir sus momentos de audacia, valor o éxitos con frecuencia, interpretándolo como presunción o vanidad. Sin embargo, difiero de estas consideraciones por ser insuficientes para calificar estos rasgos como algo notable y estable en su carácter y personalidad.

 

También lo observó como un hombre consciente de sus actos delictivos, y que tuvo un periodo claramente antisocial, entre 1916 y 1920, donde careció de elementos de equilibrio, actuó acorde a los mecanismos de defensa de los que disponía, carecía de amigos, con un comportamiento primitivo hacía la mujer, e incluso llegando cuestionar su valentía.

 

Se reservó mayor información al considerar que se desconocía su desarrollo intrauterino si hubo anoxia, si fue deseado, si hubo angustia materna o los elementos hereditarios necesarios para un diagnóstico completo.

 

Psicología clínica

 

Para no hacer evaluaciones simples ni generalizaciones injustas, es importante no considerar que la normalidad es sinónimo de lo ideal. La normalidad surge como un acuerdo entre la necesidad y la realidad de la persona. Aquí vale la pena preguntarnos cómo es esa realidad que le tocó vivir a Francisco Villa, no sólo en la pobreza familiar sino en una cruel guerra civil.

 

Desde Freud sabemos que no existe la continuidad entre lo normal y lo anormal, y que un síntoma sólo tiene valor asociándolo a sus otras características personales, siendo injusto calificar la personalidad del general por rasgos aislados y dándole un diagnóstico instantáneo. 

 

Recordemos que un rasgo de personalidad puede pertenecer a diversas estructuras, haciendo muy compleja una clasificación cuando no nos atenemos exclusivamente al Manual Diagnóstico Estadístico de los Trastornos Mentales.

 

Debemos tener en cuenta que un rasgo de personalidad se elabora para algo útil a la persona en su contexto, siendo incomprensible la crueldad de un hombre en plena guerra y persecución para personas que no viven en esa circunstancia. La cultura que nos rodea es lo que introyectamos y se vuelve parte del mundo interno de la persona, para lo cual es indispensable comprender su tiempo y contexto.

 

Hablamos de un hombre que vivió frustración excesiva desde su infancia, lo cual presumiblemente le convertía en un sujeto impulsivo, y que por esto mismo no es posible que haya desarrollado una confianza básica, piedra angular del equilibrio psíquico. 

 

La adaptación dependerá de aquello que se enfrenta, y en este punto podemos recordar la conocida frase del general Villa cuando dijo: “Para mí, la guerra empezó el día en que nací”. El ansía de dominio es el sueño del humillado y la crueldad se emplea como mecanismo para compensar la vergüenza y el bochorno. Con estos elementos, se termina por admirar la fuerza y el poder.


(Texto presentado como conferencia titulada “Aproximación psicológica al general Francisco Villa”, ante cronistas y autoridades de cultura, el 14 de febrero 2022 en el marco del IX aniversario del Museo Francisco Villa en la Ciudad de Durango, Dgo.)